¿(CAN)SADO ES (H)ECHO POLVO?

Verano antes del solsticio. La hoguera de San Juan en la calle, sin combustible, madera ni fuego, a las seis de la tarde. Los bares empiezan a recibir de nuevo sin audiencias ni citas previas. Las mascarillas solo se libran de la cara al aire en las mesas con distancia y mientras se está consumiendo, yo tramposa, me quito esa venda desde que me siento, desde toda la prohibición.
Aprovechamos a refrescar los cuerpos dentro de dos cervezas y soñando despiertos en piscinas. Cualquier conversación sirve, hasta para reír hace calor. El bullicio de la terraza viene y va como en un polígrafo de mentirosos.
Una pareja se acerca y queda cerca de las mesas, habla, conviene, acuerda. Ella entra al supermercado, él se queda, paciente, al sol de un junio inclemente apoyado en una señal de Stop, acatando peatón quieto las órdenes para motores. En unos minutos el tono de los tertulianos anónimos va subiendo entre sorpresas y cuchicheos. Risas y siseos que me obligan a mirar de lado a lado por ver de dónde viene tanto murmullo. El hombre quieto resulta ser el foco de miradas descaradas, que suma la mía también incrédula por la foto que llega a mi vista. Cual perro aparcado, el hombre ata su presencia al poste con una correa de cuero hasta un collar abrazando su cuello. Con pose tranquila, mascarilla en boca, eso sí, sin bozal y manos en los bolsillos se apuesta dócil en su sitio.

Inmediatamente pienso que es una broma, una filmación, un experimento o alguna suerte de protesta, como el que se encadena a los árboles. Parece, según transcurre el calor, que alguien decide acabar de alguna forma con esta escena y de pronto dos actores más entran en acción. Dos agentes se acercan  armados con mascarilla al hombre frenado. Intercambian con él algunas palabras, la terraza sorprendentemente calla, las voces silban, los ojos pasmados.
Le piden explicaciones de tan singular acto y se aseguran que continúa allí por propios motivos, sin coacciones ajenas. El tipo reconoce que es todo normal y libre, que él aguarda las órdenes, pero dejando a la autoridad de lado, afirma que es a su ama a quien él obedece ciegamente en todo lo que ella mande. Los policías ante un sospechoso culpable de burlas sin improperios, le hacen repetir  escuchando exactamente el mismo anuncio. Así que piden documentación que el esclavo solícito muestra sin objeción alguna. Desde la mesa es imposible dejar de mirar y escuchar el serial, la gente que va pasando mira disimuladamente al principio para después observar sin miramientos pero mirando sin pudor, quizá el mismo pudor del que carece el frenado, gritando en silencio su sumisión en público. 

Con lo que no contábamos era con la aparición estelar de la gran artífice del reparto, sin duda, la gran protagonista de toda esta pieza teatral: el ama saliendo del supermercado. Extrañada y hasta molesta, bolsas de compra en mano con zanahorias que descaradas asoman de su carga, se dirige hasta el plató improvisado para pedir explicaciones que a la vez le son requeridas. Ella confiesa que no esperaba tanto revuelo por aparcar a su esclavo mientras hacía la compra. También muestra su identidad, pero desde mi localidad, no en primera fila, ignoro si les enseña documentación de maestra y dominadora o solo la profana y terrenal que expide la más alta esfera del imperio.

Una vez comprobadas y tomadas las identificaciones para elaborar el informe, los agentes se despiden saludando de aquella forma oficial a la que uno no sabe responder, ella desata a su esclavo. Este espera manso como cualquier perro que se contiene hasta que su amo lo libera de la cuerda, pero confieso que este en concreto al verse libre del poste no saltó vivaz, ni distinguí si sacudió alegre la cola.

En los informes de comisaría alguien teclea sonriendo al expedir observaciones recordando alguna canción. Viernes dieciocho de junio a las dieciocho once: Como un burro amarrado a la puerta del baile. Borra. Como un perro atado a la puerta del Súper. Tacha. Como un esclavo amarrado al poste de Stop.

2 Comentarios

  1. Disfruto leyendo lo que escribes. Textos con muchas figuras literarias que ponen en su lugar lo que quieres decir de un modo muy especial.

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