NO ACEPTO LOS TÉRMINOS

Demasiado daño y tormento. Demasiado largo, demasiado corto. Duele vislumbrar el fin, imaginar las últimas respiraciones, los sueños borrosos que estará viviendo sin vivir, porque ahora sueña con el latido rasgado y los ojos nublados.
En su niebla sigue buscando la manera de despertar, salir del laberinto confuso que lo llevó al peor infierno. Oye voces lejanas, deformadas, pero conoce esos timbres: el salvoconducto para volver a la realidad, le dicen que le esperan, que va a salir, pero ellos no tienen ni idea de cómo es su abismo, de la negrura que se aspira. 

Casi no hay aire y la garganta, rígida, escuece, como si desde la boca un palo le habitara hasta el pecho. Está muy cansado, terriblemente agotado, en su etéreo periplo le cuesta caminar y se detiene a descansar a cada momento. -Si al menos tuviera tiempo de recuperar el resuello, de beber agua para poder continuar- piensa. Como el que no siente el cuerpo, nota que le llevan,  que le empujan hacia túneles, empieza a tener dudas de si está andando o levitando, como si una energía desconocida le moviera.

Y en medio de sus tinieblas, acuden como en un portal luminoso los recuerdos más felices, podría alargar la mano y tocar a su mujer y su hijo, pero apenas es consciente de dónde está su mano. Solo siente clavos y lanzas hundidas en su piel, aunque no los ve ni  son las estocadas que más duelen. Fueron dichosos los tres, comidas, reuniones, celebrar la vida a diario; cuántos aviones, cuántas ciudades visitadas, cuántos caprichos satisfechos, y a pesar de su carácter, cuánto amor respiró de ellos.
Posiblemente por compensar una infancia indecente, un abandono a destiempo, por eso él quiso convertirse en más, más inteligente, más trabajador, más tenaz, más agudo, y hasta su ingenio se rebelaba a veces en estallidos con quien menos lo merecía y más le quería. Una lágrima se derrama de la ventana cerrada de su ojo hacia la sien. Ahora siente que haría algunas cosas diferentes, pero con la misma intensidad con la que se odia y se ama, no sabe hacerlo de otra manera.
Todo su querer quizá no fue en palabras y abrazos, fueron hechos, solo su alma escarpada competía con su derroche.

Un corazón decaído late apresurado por no encontrar la salida, algunas paredes de gelatina vuelven a sangrar, hay heridas que no se pueden coser, porque, incomprensiblemente, no hay hilo que junte esa carne. Cambia la canción y todo se torna dulce dentro de ese cruel averno. Hasta en la propia oscuridad hay paz, silencio, lo contrario al dolor, pero sigue siendo impreciso, las voces se entumecen, llantos que se entrecortan, pierde la sensación de estar.
Nota restos de abrazos en torno a él, besos que jamás se le dieron, se le conceden ahora desde las tripas. Se disipan las caricias, en una bruma, cada vez menos piel en contacto. Pero no son ellos los que se van y sí son ellos los que vestirán siempre su memoria. Poco a poco va rindiéndose a su calma, exhala y descansa en una quietud tan inevitable como indebida.

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2 Comentarios

  1. Imposible no tener el corazón encogido mientras se leen estas líneas, sentimiento y dolor en estado puro.

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