CONCATENA2

Enhébrame, penetra mis fibras, atraviesa mi tela en dulces embates.  No tengas cuidado de hacerme daño, entraste de madrugada en mi cabeza, ya estás dentro de mí, con detalle, en el fondo.
Calibra mi pecho como el primer día, con tu mano plana y contabiliza mi pulso como metrónomo sofisticado, no te asustes, casi todo en mi interior es ecuación en cifras y letras. Luchemos en horizontal, de forma bárbara, como vikingos, midamos las fuerzas hasta que nos fallen.

Quiero que cuadres en mi agenda, que quepas en mi plano general de aire, dominarte en cenital quiero, arrancar contrapicados suspiros. Dejarme acometer por tu deseo como registro nadir, que invadas mis pliegues desde mi espalda, en cámara dorsal. Siempre con el mismo objetivo: aparecer en tu lente.
Fundámonos a negro, terminemos escenas juntos, porque abandonarme a tus pupilas es mi círculo vicioso.  Fotografiemos los mejores gemidos. Montemos sobreimpresiones con nata en un pentagrama de lionesas.

Creemos una puerta para nuestro bazar porque así estalló: nos puede nuestra tienda y nuestro cielo. Fabriquemos máquinas expendedoras de corazones. Cuenta conmigo las cuentas de un rosario incrédulo, contemos más que Calleja, nada de cuentos chinos. Cúbreme, déjate envolver y que mis brazos sean tu abrigo, vístete de mi piel, quédate con mi cuero. Quiero viajar contigo y en ti.
Déjame oscilar entre tus piernas, atarme a tus pestañas, explorar tus huesos, aprender tu signo. Permíteme espiar tu método, copiar tu técnica, imitar tu empeño. Autorízame a imprimir con saliva como tinta indeleble en tu boca, te firmaré un salvoconducto para disponer de nuestros labios abiertos a tiempo completo. Déjate sentir, documentarnos para describir la morfología del abrazo, la anatomía de un beso.

Subamos al Delorian una vez más, explotemos el tiempo con las agujas de relojes atrasados. Detengamos el espacio inventando una teoría, patentemos una hipótesis soberbia, especulemos sobre miradas hambrientas. Rebasemos los siete segundos de reconocerse, los siete minutos de resurrección en trescientos sesenta grados.

Descubramos un concepto matemático basado ciega y científicamente en magia, la química sólo detona pero no traspasa el alma. Encontremos la fórmula para rellenar el condensador, no dejemos de flucear. Buceemos en busca de causalidades que coincidan en nosotros, de remotas casualidades que nos recuerden que ya nos tanteamos en otras vidas. Asistamos al sincrodestino de un metraje que empezamos a protagonizar.

Compremos, tuya, mío, permanezcamos nuestros. Latidos corrientes que harán palpitar  las estatuas en las que nos  convertiremos.

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